viernes, 14 de septiembre de 2007

Chauvinismo puma

Conjeturo: la cosa empezó a descalabrarse en 1978 cuando, mundial de fútbol y dictadura, produjeron una conjunción tan siniestra que llegó a producir una ceguera tal que todo se justificaba en dos colores: celeste y blanco. Obviando, claramente, el rojo de la sangre derramada. Por aquel entonces, mi abuela no miraba partidos de fútbol (en los cuales yo sufría por el equipo de mis amores) porque se ponía nerviosa; al punto de tener dolores en el cuerpo cuando me veía llorar desconsolado por alguna ocasional derrota de mi equipo. Pero el mundial de Argentina '78 se erigió como un significante que se acrecienta con el paso de los años y la presión del terror no dicho, de la complicidad por omisión/incomprensión política/desinterés/miedo a la que, dócilmente, se sometió la mayor parte de los argentinos adultos de entonces: la palabra que lo representa es Mundial; lo que supone el summum del éxito -ajeno a uno, propio de otros- que representa, camiseta mediante, el supuesto orgullo patriótico, la supuesta inteligencia, el supuesto decoro y demás supuestas virtudes de todo un país. Y, pasado el furor de los dos campeonatos mundiales de fútbol, conseguidos en un lapso de 8 años, parece necesario alimentarlo con más y más mitología deportiva, con ese combustible que -a ojos vista- ha desplazado a la religión como opio de -al menos- este pueblo. Por eso, cuando escucho hablar sentidamente de la selección argentina de rugby, del sentimiento y la pasión; cuando los escucho opinar sobre el campeonato mundial, me pregunto si alguna vez serán posibles la construcción de un otro futuro, el desprendimiento de la siniestra idiosincrasia y la demolición del significante sobre el cual se construye un futuro con ladrillos de ignorancia y opresión. Unico modo, por cierto, de que lo lúdico y lo digno vuelvan a ser lo que nunca debieron dejar de ser.

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lunes, 10 de septiembre de 2007

The Beatles

Apple Records - 1968


¿Cómo llamar a un álbum que no tiene nombre? ¿Cómo nombrar un disco que no puede ser resumido en un nombre? El álbum blanco es la cúspide en la trayectoria creativa de The Beatles. Es un álbum panorámico, que atraviesa -y es atravesado por- una diversidad sonora incapaz de ser contenida en un sólo disco: una obra monumental, una master piece tallada con el diamante de la ruptura: es el surco delgado, el delineado del corte final; ese que se hace brecha en Let it be y abismo insalvable en Abbey Road. Es un álbum fragmentario, escindido, el giro definitivo hacia el final. Es un álbum de anticipo, la puntada inicial de los siguientes veinte años de la música moderna contemporánea, el ADN fundacional. Es decir, es la síntesis del camino que los fabulosos cuatro comenzaran en plena adolescencia. Es la miríada que produce un cristal esquirlado, las voces de cada uno de The Beatles componiendo -en secuencia metonímica- un gran collage que se convierte en un complejo vitreaux coral. Si hubiera que enviar al espacio un disco, como una botella al mar, que represente una época, sin duda este es el que se llevaría la mayoría de los méritos. Aún a pesar de ese bochorno musical llamado Ob-La-Di, Ob-La-Da, el peor tema musical de la historia del pop: quizás una mente superior lo entienda como un ejemplo de lo que puede producir el mal uso del genio musical.





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martes, 4 de septiembre de 2007

The Funk Brothers - Standing in the Shadows of Motown

Virgin - 2003


The Funk Brothers fue, desde 1959 hasta 1972, la in house band, la banda de músicos sesionistas del prestigioso sello de la música soul Motown. La banda se desarmó cuando el sello se mudó de ciudad; retiro que se extendió por algo más de 30 años, hasta la realización, en 2003 , del documental fílmico Standing in the Shadows of Motown (un significativo/irónico nombre: Parados en las Sombras de Motown: sesionistas, segundo plano necesario, soporte estoico de las verdaderas estrellas). La banda se sonido cuenta con las participaciones de Ben Harper, Chaka Khan, Me'Shell NdegéOcello y Bootsy Collins, entre otros. La lista de tracks no trae mayores sorpresas y, obviamente, repite entre sus compositores al inoxidable Marvin Gaye, viejo amigo de la casa. Es un disco en el que se respira el deleite con el que fue realizado, la satisfacción por el reencuentro. Sin embargo, uno no puede dejar de pensar que se trata de algo así como el Buena Vista Social Club del soul: un gusto para esos magníficos viejos que se olvidará con el paso del tiempo.


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jueves, 30 de agosto de 2007

Arte menor

Arte menor
Betina González
Clarín/Alfaguara - 2006


La primera novela de Betina González es incómoda. Y en eso reside uno de sus mayores valores. Es una novela bien escrita, trabajada, con matices que se entreveran en las palabras como pequeños juegos del inconciente más que como una pista para el lector, más que como una necesidad de La Trama; hace a la construcción de la narración sin detenerse a pensar quién es el que está del otro lado de la página, quien degusta -o no- las palabras que van armando la vida de un personaje que, vuelta de tuerca a la estructura, es conocido pura y exclusivamente por la imagen fragmentaria, caprichosa, viciada de reflejos especulares que tienen otros sobre él, es decir por una narración coral. No hay voz del padre muerto, hay citas, dichos que dicen que dijo y demases. Es la deconstrucción de un padre y no el superficial barniz justificativo de la búsqueda de alguna verdad sobre su vida. Así como su protagonista tácito Fabio Gemelli, el resultado de la lectura de Arte menor tendrá la diversidad del aspecto coral que usa la autora para retratar ya no exclusivamente al narrado, sino a los narradores que moldean, cincelan, pulen la vida después de la muerte de un escultor mediocre. Las fantasías quedan expuestas por superposición: el bulín que era un aguantadero guerrillero no es sino el antro de falsificadores de monedas: todo sin prevenir el cambio de eje porque el cambio de eje, a lo largo de la novela, es previsible, transparente: si tiene forma de thriller afectivo lo que importa no es mantener un secreto hasta el final, no es poner pistas falsas en el camino para asombrar con un final por el que la difunta Agatha Christie daría a cambio la eternidad; lo que importa es lo que se urde, el hilo, la trama y no la apariencia de la tela. Es la narración de la salida de una herida profunda y antigua, arcaica, esencial, inevitable. Es una trampa que habla sobre la simulación simulando la sencillez de una chica del conurbano bonaerense.

La primera novela de Betina González es incómoda. No ha sido un éxito de mercado como otros premios Clarín o el de cualquier otro tanque editorial. No es una novela de una construcción sorpresiva, de una erudición aplastante que aguijonée la curiosidad de la intelligentzia argentina. No tiene ninguna intención de coquetear con la vanguardia petardista, ilustrada, cacofónica y filoescatológica. Es una novela, es literatura.


PD: ¿para qué publicitar la novela con las espantosas y falsopoéticas declaraciones de Saramago justificando su fallo?

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Cassandra Wilson - Jumpworld

JMT - 1989


Cuarto disco de C. W. antes de que saltar a la fama de la mano del famosísimo sello de jazz, Blue Notes. En esos momentos, ya ponía al servicio del oído ajeno el sonido claro, filoso, cálido, calmo -y evidentemente ciclotímico y contradictorio- de su voz; una dicción perfecta. Jumpworld es un paseo por el gusto musical de esta dama a fines de los '80; por los vericuetos de la búsqueda de una producción con el sello indiscutible de su buen gusto; por el asomo insistente y fresco del jazz; por la experimentación de un sonido clásico y potente, más cercano al soul. Una banda sólida y un repertorio sobrio y atractivo -aunque por momentos ecléctico- completan este delicioso postre.


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lunes, 27 de agosto de 2007

El Otro y el Monstruo

Casi dos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial vio la luz una de las ficciones más interesantes que se hayan escrito sobre el concepto del monstruo. Más precisamente, sobre la relación de uno (un personaje) con los Otros como máscara de lo monstruoso. Ese texto es Soy leyenda de Richard Matheson, en el que el escritor incluye algo realmente novedoso en la construcción de la figura del vampiro, el impacto que éste tiene en el lector y el terror y la fascinación que provoca. Matheson ingenió una narración basada en el cambio de la posición subjetiva de un personaje que pasa de ser la víctima potencial de una pandemia de vampiros, a ser la bestia feroz que aniquila sin piedad y amenaza destruir la formación de una sociedad cimentada en valores nuevos (el vampirismo) y ajenos a lo que llamamos -y supone- ser humano. Para ello, Matheson usa como emisario en su ficción a Robert Neville, quien gracias a su constancia (hasta el aburrimiento y la desidia) matando vampiros de todas las edades durante el día y refugiándose en su casa-búnker durante la noche, se convierte en el defensor a ultranza del status quo, el paladín del modo de vida humano -en lo general- y norteamericano -en lo particular- que el lector no sólo asume como propio sino, por sobre todas las cosas, como el mejor posible; el único deseable. Ese es el recorrido que Matheson le propone al lector identificado con Neville: compartir la lucha contra la amenaza hasta ponerlo frente a la evidencia de que el monstruo puede estar mucho más cerca de lo que se supone, tan cerca como se puede estar de la certeza de saberse monstruo.

Después de una ardua resistencia de años, Neville herido y agotado, habiendo perdido sentido su vida fuera del acontecer biológico, ve (una vez más) y mira (por primera vez) a esos Otros a los que siempre consideró enemigos de sus valores morales, usurpadores de su patria más íntima. Monstruos, abominaciones a los que combatió al punto de ser el brazo ejecutor de un exterminio privado. Invierte los roles: los vampiros le temen porque deja regueros de cadáveres; trueca en muertos a sus seres queridos. Para los vampiros Neville es la Abominación. Eso es lo que ve el personaje de Matheson, ese es el espejo de los Otros que lo reubica, lo sacude, lo atraviesa y lo arroja al mundo transformado en una bestia salvaje, transformado en eso mismo que él ha combatido día a día, vampiro muerto a vampiro muerto. Asume su destino trágico y se reconoce como monstruo. Pero es en el darse cuenta donde el odio por el Otro cesa, cuando se deja llevar a la muerte/al sacrificio necesario que garantizará, hasta la próxima guerra (origen de la pandemia), una sociedad que busca su equilibrio en una esperanza de superación, haciendo caso omiso a la premonición del fracaso repetido.

La cercanía del texto con el apogeo y caída del nazismo, hace pensar en la posibilidad de una lectura en relación que da por tierra el sentido simplista y tranquilizador de la moral del Bien y del Mal. Si en los principios del relato Neville puede ser visto como el que resiste al nazismo (en tanto pandemia monstruosa que amenaza), el sentido se rompe cuando, en su dar cuenta de qué es Lo Normal, cede el lugar del Bien para asumirse como el Mal; cuando su vida se reduce a la representación unipersonal del exterminio. Esa es la mayor potencia del concepto argumental de la novela. Al fin de cuentas, la pregunta que Matheson puede haber inyectado en la literatura de ficción es si la sociedad norteamericana se reconocerá, en tanto imperial, como el monstruo feroz que necesita dejar tendales de enemigos en el camino de la Historia. Siguiendo esa conjetura, quizás no sea casualidad que el apellido Neville lleve literalmente en sus entrañas la palabra evil, es decir, lo maligno.

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jueves, 23 de agosto de 2007

Michel Camilo - One more once

Columbia - 1994

Escuchar a Michel Camilo tocar su piano es un placer de los que uno disfruta toda la vida. El camino musical del dominicano ha tenido tres desafíos:

1. ser un músico culto: de una formación tan rigurosa que le ha permitido trabajar como director invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, la Orquesta Filarmónica de Londres, entre otras sinfónicas y filarmónicas;

2. ser un músico popular: no sólo sus discos han tenido un gran éxito de ventas sino que, también, ha sido reconocido con los grandes premios del mercado (que no siempre tolera a La Academia...), entre ellos el Grammy (1983 por Why Not! y 2000 por Spain, junto a Tomatito), el Emmy (1987 por The Goodwill Games Theme), el Oscar (1995 por el soundtrack de Two much de Fernando Trueba); y

3. hacer del latin jazz una música con entidad de tal: como en toda fusión, lo que destaca es, como en este caso, lo que hace uso de sus componentes diversos como herramienta para provocar una novedad y no una mezcla, una argamasa fofa; cosa a la que es muy proclive la llamada música latina -que no es más que una espesa confusión de lo latino con lo caribeño.

Michel Camilo no solamente ha salido airoso -y con margen- de los tres desafíos. Los ha convertido en el material con el que construye su música. y One more once es una prueba fiel de ello.


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