martes, 14 de abril de 2009

Charles Baudelaire - Las flores del mal

1948 - Editorial Losada



En uno de sus libros, Henry Miller hablaba de los libros cuyas lecturas le dejaron huella y de volver a ellos ya habiendo transitado por la propia vida. Las flores del Mal es una de esas obras a las cuales la pena volver o ir, si aún no se ha tenido la experiencia de su lectura. Visceral, crudo, directo, con virulencia, Baudelaire trama una obra en la que imprime un notorio tempo musical. Alrededor está la mística de la prohibición de seis de sus versos en el año de su publicación. Y la respuesta poética del agregado de 32 poemas que terminan de elevar el punch estético de este libro.

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jueves, 6 de noviembre de 2008

Alice Russell - Under the Munka Moon 2

Tru Toughts - 2006


Cada dos por tres aparece una cantante que es catalogada como "La nueva reina del Soul". Unos discos más tarde, los inventores de reinas hacen que el ciclo vuelva a comenzar. Alice Russell desafía ese ciclo porque sabe que las reinas no se inventan; que, como ella, nacen. Under the Munka Moon II es un surtido de tomas alternativas de temas de su disco debut, alguna versión en vivo, out-takes y rarities. Una gran puerta de entrada al universo vocal de una cantante extraordinaria que, como un pavo real, expone en su trabajo una amplia gama de colores y matices. Una suerte de compendio de sí misma, un muestrario contundente de versatilidad y calidad. Sea cual sea el camino musical que la blonda elija para el aquí en más, nuestros oídos estarán felices de volver a encontrarse con su voz.

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martes, 28 de octubre de 2008

Sufjan Stevens - Illinois

Asthmatic Kitty Records - 2005



Illinois es un disco inteligente desde su cubierta: un dibujo con trazas naïve y una frase que equivoca su propio título y que evoca no sólo al ruido sino también al muy distante Come on feel the noize de Quiet Riot. Una propuesta riesgosa; mezcla de inocencia juvenil, ironía, creencia que Sufjan Stevens traduce en melodías que producen efecto en su escucha. El disco tiene un efecto residual: se agranda de principio a fin; crece las escuchas sucesivas, con la rotación y tiene puntos altísimos que producen unas enormes ganas de ir a por más. Sufjan Stevens hace una fuerte apuesta al desafiar a sus oyentes a dejarse seducir por el viaje y degustar un disco que es como una golosina muy fina.




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jueves, 2 de octubre de 2008

Johnathan Safran Foer - Todo está iluminado

2007 - De bolsillo/Sudamericana


La primera sensación puede ser la confusión, el sentirse enredado en capítulos disociados en el tiempo y el estilo, en la grafía y en la voz. Una vez ubicadas las fichas (es decir: identificados los personajes y la naturaleza de cada "tipo de texto"), la novela se desliza y arma no ya un collage, no ya un montaje, sino un vitraux a través del cual la luz puede apreciarse en su diversidad, en su desvío. Safran Foer urde una trama no tan compleja de leer como de explicar; construye una escultura narrativa con una suerte de cajas de sorpresas literarias que tienen la particularidad de introducirse unas dentros de las otras, siendo contenido y contenedor al mismo tiempo. Por un lado echa mano de sí como personaje, no ya narrando en primera persona como tal, sino siendo un protagonista tácito. Un personaje que es construido por otro que es escrito por el escritor; un personaje al cual Alex (el co-protagonista) apela en cartas y narra en una novela en la que cuenta su experiencia de guiar a Safran Foer por Ucrania en busca de una mujer octagenaria de la cual tiene dos trazos de un imaginario mapa: una foto de ella adolescente y el nombre de un pueblo que desapareció tragado por la tierra -literalmente hablando-, sesenta años antes, después en un ataque de los usurpadores nazis. Safran Foer es objeto de la epístola, objeto de una narración y escritor de los capítulos en los que cuenta la historia de su propia familia; la historia que -nunca se sabe- necesitaba completar o comenzar a escribir a partir de esa búsqueda. La búsqueda de la mujer que salvó a su abuelo, acto que dio lugar a su propia vida, al permitir que continuase la cadena genealógica. Su agradecimiento por aquel salvataje a su antepasado no es sino su propio agradecimiento y, claro está, su sospecha respecto de esa mujer como el verdadero amor de su abuelo.

Todo está iluminado tiene como valores degustables un humor filoso y sin concesiones; momentos de un profundo dramatismo; y una precisión respecto de la violencia nazi en la que nunca recurre al golpe bajo. Le basta con narrar. Le basta con decir los hechos sin regodearse en dolores, ni en llagas, ni en charcos de vísceras. Expone una violencia seca, breve y contundente como el famoso cross a la mandíbula que sostenía Roberto Artl; rápida y feroz como el disparo de cualquier revolver de la máquina de matar; tan irritante y revulsiva como el odio que representa. Safran Foer teje y desteje el humor judío. Se victimiza y critica la victimización y no deja lugar a reclamo porque Safran Foer es judío. Un judío que se permite modelar una muy buena novela y hacer querible a un ucraniano antisemita: querible para él (personaje y escritor), querible para el lector. Y ambos, judío y ucraniano antisemita, irán girando, modificándose juntos. Y en pinceladas sutiles e inolvidables, Safran Foer dejará abiertos interrogantes sobre las buenas intenciones, la inocencia, el desparpajo, la sumbversión de los valores establecidos, lo ridículo de puritanismo y lo inmodificable de la condición humana. Y usa a personajes secundarios de una potencia arrolladora (el abuelo de Alex y su perra Samy Davis Jr. Jr; el pequeño Igor, la abuela de Safran; la anciana que no es la de la foto aunque así lo crean y viceversa) a los fines de narrar y de sentar posición, como cuando pone en boca de una moza ucraniana un brillante dicho sobre la xenofobia: "Digale al judío que lamento haberle dicho judío". Si no es con ese humor corrosivo, paradójico y crítico (y con la caída y el abandono de la necesidad de un dolor amcestral, lascerante y obsceno) que se abren nuevas cuestiones profundas respecto del sentido de la vida que alguien me diga cómo.

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martes, 15 de julio de 2008

Charlotte Gainsbourg - 5:55

Because music - 2006



Segundo disco de Charlotte Gaisnsbourg después de 20 años sin lanzar registro de su música. Tiempo en el que, se supone, revisó su querer decir desde aquel disco algo forzado/so (editó Charlotte for Ever a los 15 años... Te la encargo) que le dedicara a su papi. Seguro: no debe ser fácil ser la hija de un prócer de la chanson como Serge Gainsbourg y de su hermosa esposa y musa, la actriz y cantante Jane Birkin. Sin necesidad de renegar del origen y sin más que guiños a lo esperable de esa estirpe, la muchacha Charlotte arma un disco plagado de unas canciones potentes; que suenan poderosas como sólo el productor Nigel Godrich (Radiohead, el mejor Beck y sigue la lista) puede hacer, alquimista del sonido; con un registro que es un amplio susurro que, incluso a su pesar, se escapa del pop tanto como del género que cultavaran mater & pater. Y con las cosas claras desde el principio: 5:55 es un disco que está contenido, como idea desde su primer y homónimo track. Que el disco gane en aquellos tracks en los que canta en su francés nativo no es mera coincidencia.



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Vampire Weekend - Vampire Weekend

XL Recordings - 2008


El disco homónimo de esta banda de músicos muy jovencitos es una verdadera caja de sorpresas sonoras. Surgidos en horas de la high school, aparece como una ráfaga de aire fresco. Vampire Weekend -el disco- suena divertido porque Vampire Weekend -la banda- es divertida al hacer música. Va a las raíces africanas, con oreja que escucha y devuelve algo nuevo, una otra forma musical con trazas y guiños y usos de herramientas conocidas. Vampire Weekend -el disco- va más allá de la repetición de una receta exitosa, de una buena combinación de juventud y oportunismo mediático, de una casualidad, de un momento; va, incluso, más allá del alcance del mercado que ha creado este éxito. Vampire Weekend -la banda- parece ser, más que un producto, una fuente de producción. A no ser que estemos frente a un sorpresivo espejismo.


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Tricky - Juxtapose

Island Records - 1999



Desde su debut solista con Maxinquaye, Tricky ha fojado discos que son nuevas apuestas estéticas, vueltas de tuerca sobre su producción y giros inesperados. En Juxtapose esa apuesta se renueva para plasmar un sonido menos críptico y tan crítico, áspero y poderoso como de costumbre. Y para ello encontró un perfecto socio: DJ Muggs, productor de la mítica banda de hip-hop Cypress Hill. Pero la cosa se profundiza aún más con la ausencia (es decir, el silencio) de la voz femenina que lo acompañó hasta este disco: las precisas y preciosas interpretaciones de Martina. Y en la misma línea, acierta un pleno con la inlcusión de Kioka Williams quien, a pesar de su menor impacto medíatico, está a la altura interpretativa de las anteriores y posteriores invitadas de Tricky Alison Goldfrapp, P. J. Harvey, Alanis Morisette y Cindy Lauper. Si la yuxtaposición (a la que alude el nombre del álbum) es estar colocado en posición inmediata a nuevos colaboradores y talentos, también es el modo en que los minerales, capa sobre capa, crecen y se desarrollan a lo largo del tiempo. Ambas cosas están íntimamente relacionadas en este disco.


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Frankenstein

Mary Shelley


En 1818 se publicó por primera vez Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley; dos años después de la mítica noche de ajenjo y relatos de terror en casa de Lord Byron donde se gestó, en medio del sueño, en el límite entre la pesadilla y la revelación, la novela que narra la relación entre el Dr. Víctor Frankenstein y su creación, La Criatura un hombre vuelto a la vida desde la mismísima entraña de la muerte. A lo largo de la historia, Hollywood y despresión americana mediante, el monstruo le fue robando el nombre a su creador así como la versión fílmica protagonizada por Boris Karloff le robó el alma/esencia a la novela. Quien se adentre en la lectura de esta fabulosa (en el más amplio sentido del término) narración, será puesto frente al relato que el moribundo Dr. Frankenstein le hará al capitán del barco que lo rescata en pleno viaje hacia el Polo Norte. El Dr. Frankenstein va siguiendo a su creación, no puede seguir escapando de lo que ha creado. Porque La Criatura dista de ser un torpe gigantón sin habla y sin moral: es, por el contrario, un sujeto que viene de un viaje que ningún otro antes realizó: vuelve de la muerte, (re)nace; cuestiona y se cuestiona, se angustia, se violenta, no entiende, desespera, urde, trama. Quien se anime a entregarse a la lectura de esta perla gótica, se encontrará con profundas reflexiones sobre el sentido de la vida, sobre la construcción del sujeto, sobre las resposabilidades de dar vida, sobre el padre y el hijo, sobre el duelo. Embebido en un paisaje de ciencia ficción de la más pura, apunta preguntas sobre la ciencia y el sentido del avance teconológico, en concordancia con la revolución industrial de su tiempo; cuestiona las lecturas morales y empañadas por las buenas costumbres y levanta dudas sobre el rol de Dios. Quien se deje sacudir por el desarrollo de los acontecimientos, quien se atreva a meterse en un agua mucho más turbia de lo que parece, hallará en Frankenstein no sólo un desafío a preguntarse sino una novedad respecto de lo que, hasta su lectura, creía saber sobre uno de los monstruos más famosos de la cultura occidental.

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sábado, 21 de junio de 2008

The Bamboos - Rawville

Tru Thougths - 2007


El segundo álbum de los autralianos comienza con una declaración de principios musical: The Bamboos Theme. En esos pocos minutos no solo plasman el sonido completo del devenir del disco sino que plantan bandera de su posición estética. Un sexteto musical que apela a voces invitadas para completar el panorama que exhiben con total solvencia y creatividad. Rawville es una sucesión de cortes a todo funk, con un rastro sonoro a los Beastie Boys de The In Sound of Way out! mezclado con otros aromas y sabores que se cuelan a lo largo de la escucha y con una impronta jazzera, que en otras bandas puede sonar como típica y previsible pero que aquí es amalgamada con una precisión y una potencia cuyo mayor logro sea, quizás, ser una síntesis en lugar de ser uno de los habituales rejuntes de la muchas veces imprecisa fusión.


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k. d. lang - Hymns of the 49th Parallel

Nonesuch - 2004


Con más de una decena de discos editados, la canadiense k. d. lang vuelve a hacer uso de sus dotes vocales para forjar, en base a su tono oscuro y su registro límpido, un muy buen homenaje a la música de su pais. Pasea por su prodigiosa garganta temas de Neil Young, Joni Mitchell y Leonard Cohen (la gran delantera de la composicón de esa particular tierra bilingüe), y extiende el trabajo a composiciones de Jane Siberry, Bruce Cockburn y Ron Sexsmith. El menú se completa con la inclusión de un tema propio como para que el homenaje no quede sólo en un gran compilado de covers y para hacernos escuchar que la interpretación no es sólo decir y cantar sino un modo de refactorizar, de mezclar y dar de nuevo, de construir su propia obra incluyendo palabras y sonidos (en apariencia) ajenos.


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martes, 20 de mayo de 2008

Zapatos italianos

Henning Mankell
Tusquets - 2006


Hace tiempo pensaba en la precisión de la palabra en aquellas novelas no policiales de escritores cuyo fuerte es (en tanto reconocimiento de la obra) la novela policial. Zapatos italianos es una de esas novelas. Y, a su vez, es una historia que trasciende a un género, porque sin ser policial, lo es; sin ser una novela de amor, lo es; sin ser un mural de color local, lo es. Y así pasando por la novela de iniciación, la novela erótica, el el diario íntimo, el registro periodístico. La traducción de Graciela Montes Cano casi no se nota: es una cicatriz cuyo rastro deja al descubierto una forma de belleza y la imposibilidad de acudir al libro en el idioma original. En definitiva, el texto no se muestra dañado a ojos del lector en español. Mankell es un virtuoso que maneja los hilos del relato con un ritmo tal que, sin necesidad de hacer vertiginosa la lectura, provoca ganas de seguir leyendo el libro. En síntesis, parece haber dado con la cadencia justa para narrar lo que narra. Y, por si fuera poco, habla del amor y del discurso amoroso; de la fantasía; de lo im/posible.

Otra de las virtudes del escritor sueco reside en exponer varios tipos de llagas sin resultar obsceno ni desagradable. De ese modo, desafecta el texto de todo rastro de golpe bajo e instala una dimensión poco habitual: una cara límpida del dolor; una muestra indiscutible de algunas bajezas extremas con palabras que las eximen de provocar revulsión para dar paso a una tensión que se instala muy cerca al drama existencial, de las preguntas profundas como las aguas heladas de la laguna que es parte de una promesa de amor en el relato. El por qué del título es, entre otras cosas y en el tránsito de la lectura, una muestra de la sutileza del relato.

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lunes, 19 de mayo de 2008

Maldita palabra

El origen de la poética está profundamente ligado a los dioses. La poesía es el acto de la concreción de la palabra divina en lengua terrena, el tránsito de la escritura; el poema es la palabra ya escrita, el hecho consumado. Las musas, damas preciadas y vehículos de la palabra divina, eran quienes entregaban, a los poetas griegos, los decires de los dioses para que se encargasen de dejar su trazo en el mundo. Eso fue lo que le sucedió a Homero, mera herramienta de escritura de La Ilíada y La Odisea, narrador mítico, fundador de la poética occidental y personaje cuya inexistencia es tan probable como su posible paso por la Tierra. La palabra divina, cedida al hombre (inspiración por fuera de su interpretación, por fuera de sus impulsos, por fuera de su vida pero irremediablemente ligada a ella) es la que modeló el modo de concebir la literatura en occidente. Una cesión que le dio un sustento escrito a la palabra divina, un transporte concreto al concepto religioso del mundo, que le confiere al poeta el lugar del elegido de los dioses; una extensión en la tierra del más puro y supremo de los poderes. Sin embargo, así como el tiempo cronológico es el tiempo de la evolución de las especies, el tiempo lógico es el de la torsión del sentido divino en la literatura. Torsión en la que el hombre fue apropiándose de la lengua; entendida ésta en el más amplio sentido de su definición: no sólo como idioma natural sino como constitución del discurso literario. La primera ruptura sucede, entonces, cuando la palabra escrita se separa de la divinidad, se yergue como independiente del poder y lo cuestiona. Entra a tallar, entonces, el lenguaje, lo que estructura.

Sesgando el sentido religioso a la apropiación de un espacio de poder simbólico –y a su modo de coerción traducido en promesas de salvación y amenazas de castigos e infiernos–, era de esperar que cualquier forma de subversión de esa dominación tuviera, como consecuencia, el mote de maldito sobre aquel que osase sostener, en el acto de la escritura, su propio discurso: en contra de la moral religiosa, en un comienzo; en contra del status quo en la era contemporánea. La señal/marca de lo maldito rompe con su acepción original de disvalor y, termina por ser representación de la revolución en el sentido más radical y simbólico que pueda tener el efecto de la escritura: discurso construido a partir del reconocimiento de la palabra como el bastión irreducible del sujeto. A pesar de aplicar tormentos, destierros, persecución y muerte, la cultura occidental (y lo que nos es dado saber de ella) ha visto con ojos sorprendidos la contínua aparición de poetas que han cuestionado no sólo el discurso dominante, sino el hueso mismo de la palabra.

La Iglesia Católica tomó el estandarte moral de occidente y produjo una de las manifestaciones más evidentes de la reacción del poder ante la torsión del sentido de la palabra: la Inquisición y su metáfora literaria, un libro sobre libros prohibidos, el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum que, créase o no, funcionó hasta 1966. Una breve lista de algunos de los autores incluidos en esa aberración, producto de la ceguera y la pobreza simbólica más exasperante, da una dimensión de la desmesura y la ineficiencia represiva cuando de mundo simbólico se trata: Gide; Balzac, Cervantes, Quevedo, Swift; Dumas, Dumas(h), Sartre; Rabelais; Bocaccio y France. Los libros que fueron incinerados dieron paso a hombres y mujeres que fueron incinerados. La persecución, la destrucción, la muerte en nombre de lo divino, mutó en la persecución, destrucción y muerte en nombre de los más altos valores morales de una sociedad. La caza de brujas impulsada por la Inquisición dio su nombre a feroces persecuciones en nuestro tiempo, desde los excluidos/perseguidos por McCarthy en Hollywood, hasta los intelectuales asesinados y desaparecidos por el gobierno genocida construido desde otra peligrosa trinidad: la junta militar que asaltó el Estado en Argentina en 1976. Más allá de eso, el poder subversivo de la palabra huye del fuego. De todos los fuegos. Apostar a ese poder es apostar a una vida digna, a una riqueza que está más allá de todo intento de exterminio.

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martes, 6 de mayo de 2008

Nine Inch Nails - Pretty Hate Machine

TVT Records - 1989


La semilla de Pretty Hate Machine data de cuando Trent Reznor, líder y alma pater de NIN, trabajaba como portero en un estudio de grabación. Haber sido gestado en las llamadas "horas muertas", parece haber embebido a esas canciones de un halo de oscuridad, de lugar viciado, de desparpajo. A la potencia natural de las canciones y a la voz casi susurrada de Reznor se le suma el notable -sin ser notorio en el sentido divo del término- y eficaz trabajo de Flood (productor de U2, Smashing Pumpkins y Depeche Mode, colaborador de Cave, entre otras virtudes) que termina por redondear una muy interesante y poderosa máquina sonora. Escucharlo, más de 20 años después de su lanzamiento, es como dar con un mapa del tiempo en el cual descubrimos rastros de lo que iba a ser la música electrónica en su costado más oscuro.



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Micah P. Hinson - The Baby and the Satellite

Sketchbook - 2005


Las grabaciones que Micah P. Hinson hizo con instrumentos prestados en algún momento de su vida, acuñaron las 8 canciones que componen The baby & the satellite, segundo disco editado por el norteamericano pero primero de todos en su concepción. Producto de una vida más que agitada que tuvo un punto de inflexión en su paso por la cárcel, condenado por falsificar las recetas que usaba en las farmacias para conseguir sus pastas, y con Johnny Cash como un faro a la distancia, el disco tiene un aire de folk carcelario y destilan una nostalgia que lo pone en un punto de comparación directa con Nick Cave y Tom Waits. Dueño de una voz que lo distingue por personalidad y potencia narrativa, construyó los coros del disco superponiendo, en los estudios, su propia voz, forjando una suerte de gospel íntimo y privado; apostó a un sonido más árido y lanzó al mundo un disco crudo, mínimo en muchos pasajes; una búsqueda que se parece más a un encuentro con sus propios modos de expresión.



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La Isla del Tesoro

Robert Louis Stevenson
Selecciones Juveniles de Editorial Eva - 1963


Jorge Luis Borges sostenía que los mejores libros son aquellos que se leen, nunca los que uno escribe. Más allá de la precisión o no del asunto, sostuvo sus dichos con una relectura constante de la obra de Robert Louis Stevenson, en quién reconoce a uno de sus maestros. La Isla del Tesoro es un escrito que marcó a fuego la novela de aventuras y plantó bandera, precisamente, dándole entidad propia de subgénero a la novela de piratas y búsqueda de tesoros y constituyéndose en una novela de iniciación en los clásicos de la literatura universal. Inspirada en el dibujo de un mapa que hizo su hijastro, Stevenson construye su propio mapa y con él la trama de la novela. Los primeros capítulos los forjó a pura tertulia familar, incluyendo a su padre, de quien Stevenson tomó la meticulosa descripción que hizo del contenido del cofre del tesoro del pirata Boone. Esta novela de Stevenson fue la que introdujo en el mundo simbólico de su época (y de las subsiguientes) la estética de los piratas en islas del mar Caribe; los loros sobre los hombros; los parches que reemplazan cuencas de ojos vacías y los ganchos que reemplazan manos y las patas de palo que reemplazan piernas; los mapas de tesoros en islas indómitas; las señales de su localización con una ó más X rojas. Tomando lo que estaba a su disposición (el Robinson Crusoe de Daniel Defoe, el Moby Dick de Herman Melville, entre otras influencias concientes o no), hizo lo que un buen chef: preparar con buenas materias primas un plato único, sabroso, que perdura en la memoria. Como si esto fuera poco, La Isla del Tesoro es, también, una lectura sobre el sentido social del uso del dinero y una elipsis moral sobre la ambición humana.

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miércoles, 23 de abril de 2008

Gnarls Barkley - The Odd Couple

Warner Music - 2008


The Odd Couple (La pareja despareja / La extraña pareja / La pareja impar) es el segundo disco del dúo formado por el músico y productor Danger Mouse y el cantante Cee-Lo Green. Y es fiel a la impronta que le impusieron a su trabajo en conjunto desde los inicios: finas bases musicales de Danger Mouse enviadas por la web a su amigo Cee-Lo para que éste surfee con su voz por sobre unas agitadas olas sonoras. Gnarls Barkley, tal el nombre del dúo, sintetiza lo que sus dos miembros representan, aún en una supuesta contradicción: una unidad. Si tenemos en cuenta el éxito comercial de su anterior disco, St. Elsewhere, difundido sólo a través de venta en la red de redes, estamos frente a una avanzada sonora y comercial. Que lo que los Barkley hacen tenga una poderosa raíz callejera y afroamericana es un condimento picante y explosivo que hace que este trabajo sea más poderoso.



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jueves, 27 de marzo de 2008

El antídoto

"Un helicóptero me dejó en la terraza". Eso contestaba mi abuelo cuando le preguntaba, no habiéndolo visto llegar, por dónde había entrado. Le cuestionaba, aún muy niño, la veracidad de lo que me decía. Sin embargo, en lugar de buscar pruebas que evidenciaran el engaño, hacía todo para encontrar cualquier coincidencia que reforzara, de modo pretendidamente neutral y objetivo, el descenso del helicóptero sobre la casa: un ruido, una mancha de aceite, una baliza, un gorro de aviador. Lo que estaba aceptando -sin saberlo- era una oferta inesperada en el menú: otra vida posible. Mi abuelo ya no era sólo un sindicalista peronista, sino mucho más, al punto de ser trasladado por el aire: era un hombre importante. Sin caer en la cuenta, claro, de que esa importancia estaba indefectiblemente ligada a mí, a mis necesidades, a mi vida. Después de alguno de esos descensos mágicos, me llamó, hizo saltar los seguros de su maletín y me entregó, como regalo, el libro Ella de H. Rider Haggard; tapas duras color amarillo, colección Robin Hood, editorial Acme. La ficción llegaba envuelta en un cuento familiar, en una otra ficción ad-hoc para mí, en una ofrenda narrativa. Y, de otro modo, un legado: ese era su libro favorito de aventuras, el que más le había gustado cuando niño, casi a la misma edad que yo tenía cuando me lo regaló. Fue la llave que abrió la puerta de otros relatos: De la Tierra a la Luna, 20.000 leguas de un viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra, por sólo nombrar a quien en mi infancia fue el referente esencial de la ciencia ficción: Julio Verne. Aún muerto, no había mejor que él. Como un Gardel literario, cada día escribía mejor. Así me interné en las vísceras del Nautilus, junto al Capitán Nemo y su tripulación; excavé hasta dar con cuevas donde aún vivían animales prehistóricos; trepé al cohete espacial que me llevaría a la Luna. Si Leonardo Da Vinci había diseñado el futuro, Verne lo ponía en palabras accesibles para un niño como yo que, sentado en un sillón, metido en la cama, tirado en el patio boca arriba, era atravesado por esas historias y me preparaba para el futuro.

No creo que fuera mera casualidad el que, junto a uno de mis hermanos, diseñáramos una máquina para excavar y llegar al centro del planeta. Si bien fue una obra de ingeniería infantil que no pasó de un par de planos desprolijos con tornillos pegados a su superficie con cinta adhesiva, el proyecto no carecía ni de seriedad ni de una sensación indiscutible de posibilidad de concreción. Pensado a la distancia, era la única proeza verniana no realizada: el primer submarino construido fue bautizado Nautilus en honor al Nautilus literario; con mis propios ojos vi la (hoy cuestionada en su veracidad) primera caminata humana sobre la superficie lunar. Sólo restaba llegar al centro de la Tierra para dar un cierre completo al sustantivo vuelto adjetivo con que me fue presentado don Julio Verne: visionario. Los japoneses se están encargando de una forma menos aventurada de acercarse al objetivo en 2007 con su barco taladrador Chikyu que llegará a los 11.000 metros de profundidad. Pero para mí, la imposibilidad de esa construcción me permitió otra atravesada por las palabras, construida por y con las palabras; como los relatos de mi abuelo, como los relatos de mi abuela por las noches antes de dormir.

Ese fue el germen de una idea: no hay mejor antídoto para los horrores del futuro que la ciencia ficción. Lo que como lector me construía como escritor también me preparaba para ver concretarse las "premoniciones" (siempre après-coup) de los visionarios. El barco Chikyu, la clonación de la oveja Dolly, la replicación de embriones sin sistema nervioso para ser usados como reserva para transplantes de células madre, el avance de la robótica, de la nanotecnología, la inmediatez del dato, la amplitud de la Web no son sino los rastros visibles de la inmensa babosa de la historia en el filo de la navaja. Si aquello impensable como concreto (incluso al punto de proceder al descrédito del valor literario de una obra futurista) surcó el fondo del mar, trepó al espacio hasta dar con la Luna, está excavando para penetrar 11.000 metros por debajo de la superficie del planeta, entonces otros futuros son posibles. Habrá que ver cuál de los futuros que nos han inoculado prenderá en el cuerpo social hasta convertir la ciencia ficción en registro de la historia. Y saber cómo vivir con/en/a pesar de ese futuro.

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miércoles, 26 de marzo de 2008

Los viajes de Antonio de Pigafetta

Primer viaje: de la literatura a la historia

Hubo una vez un libro: el diario de viajes de Antonio de Pigafetta, el cronista de la primera vuelta alrededor del mundo que dio el hombre; viaje iniciado por Fernando de Magallanes, quien murió en el trayecto, y concluido por Sebastián Elcano. Una proeza, una aventura en el más estricto y vívido sentido del término. Un acontecimiento que marcó un hito, un punto de inflexión en la historia del mundo. El puñado de 18 hombres que sobrevivió a la travesía de tres años transformó en realidad el viaje iniciático por excelencia. Podría decirse que fue la concreción, la traducción a dato histórico, de lo que hasta ese entonces sólo podía ser ficcionalizado y tibiamente demostrado: un mundo redondo, un sinfín. El viaje alrededor del mundo le entregó su cuerpo a la literatura, le agregó un espesor. Precisamente porque el registro de ese viaje fue un registro escrito; una bitácora que se transformó en libro: Relazione del primo viaggio intorno al mondo. Ese protoviaje (el primero) que el hombre construyó en -y con- lo real, estuvo sostenido en varios otros que dan testimonio de un recorrido, de la transformación del viajero; transformación de la posición subjetiva que constituye, a su vez, otro protoviaje que lo antecede: el original; mítico y fundante. Dicho de otro modo, el de Pigafetta y compañía fue un viaje posible por el simple hecho de haber sido concebido -en otras épocas y por otros hombres- como posible. Si un valor agregado tiene la concepción literaria en la lectura del mundo (y en un sentido clasicista de producto de la inspiración divina) es asegurar el retorno al Origen perdido.

Una de las referencias literarias preexistentes al viaje de Magallanes es La Odisea, donde Homero narra/poetiza el viaje de Ulises en un tiempo y una geografía míticos. En el canto homérico se suceden hechos fantásticos en geografías terrestres: intervenciones y metamorfosis divinas, hiperbóreos, cíclopes, sirenas, venganzas, lealtades, batallas, traiciones. La tripulación de la nao Trinidad y su flota se enfrentó a situaciones tan inverosímiles, tan fuera del registro simbólico de los marinos como los dioses del Olimpo: los habitantes originarios de los lugares más recónditos del mundo; caníbales; mitos, leyendas y costumbres; animales desconocidos; geografías fuera del alcance de la imaginación; otros valores de intercambio. En síntesis, otra economía. Ese viaje por el mar, hacia Troya es, en definitiva, un viaje hacia Helena, secuestrada por Paris; un viaje desde la pérdida; el cuerpo enfrentando la vicisitud impuesta por el deseo. Lo que lo une definitivamente a la aventura registrada por el escriba de la nave de Magallanes.



Segundo viaje: de la historia a la literatura

A lo largo de la historia de la literatura, el viaje mítico/original, tamizado por la realización empírica de la vuelta al mundo y su registro histórico, fue abordado con mayor o menor precisión por distintos autores. El que los abarca y sintetiza, es Ishmael, el personaje narrador de la fabulosa Moby Dick o la ballena blanca de Herman Melville. Es el testigo necesario. La piedra fundamental de la transmisión/narración. Como Antonio de Pigafetta, su misión no es sólo protagonizar: también es dar testimonio del recorrido a través de la propia transformación del sujeto-personaje. En síntesis: el viaje, al final del recorrido, no es otra cosa que lo que se dice de él.

Y es en la ficción donde se inscribe la más significativa influencia de Antonio de Pigafetta en la literatura: desembarca en Sevilla el 8 de septiembre de 1522 cuando, según su diario, era el 7 de septiembre. Algo en la lógica del tiempo se rompe. El registro clásico de la travesía se cuestiona, se pone en duda. Pigafetta revisa su diario minuciosamente porque ha perdido un día. Otro camino comienza: la resignificación, la pérdida, hacen evidente la imposibilidad de la palabra. No hay explicaciones porque no hay ruptura entre lo escrito en la bitácora y lo vivido por la tripulación: en ambos registros (la vida y la literatura) se esfumaron, imprevista y simultáneamente, 24 horas. La explicación que recibió el hecho por parte de los astrónomos de la corte del Papa fue similar a la que utilizó Julio Verne para explicar el día de diferencia entre el arribo real y el previsto en La vuelta al mundo en 80 días. Entonces lo dicho y lo escrito intervienen como un bálsamo; como el transporte a la tranquilidad necesaria. Calma tramposa que esconde un ruptura fundamental por la cual es posible el viaje de la literatura: las palabras son sólo ficciones que hablan de otras palabras.

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lunes, 24 de marzo de 2008

Seda

Alessandro Baricco
Anagrama - 1997


Seda se escapa de las generalidades a partir de torcer algunas cuestiones clásicas de la literatura romántica: un viaje a tierras exóticas, un erotismo contenido, amor/pasión a primera vista, silencio. Es precisamente en lo que representa esta última palabra donde reside la mayor potencia de esta historia que se sostiene en el estilo conciso, con precisos y preciosos trazos poéticos de la pluma de Baricco, en la solvencia de la trama, en la construcción del relato. Es más la tensión que subyace a las palabras, como ríos subterráneos del texto, que lo que éstas expresan y exponen en la escritura. La elección del siglo XIX como momento histórico; la compra de gusanos de seda en Japón como hilo narrativo; el encuentro que despierta en su protagonista, Hervé Joncour, una pasión abrasadora por una mujer enigmática, fuera de lo esperable en un contexto tan poco apto para el amor y el erotismo, inaccesible y prohibida; una esposa que lo sorprende, aún después de muerta, trocando su aparente sometimiento en una dimensión real de lo erótico; son los elementos con los que Baricco construye un tejido cargado de silencios densos y reveladores. Es en esos instersticios de la historia, en esas grietas que se llenan de los misterios de la pasión, donde el lector se pregunta, supone, descubre y devela sus propias inquietudes sobre la esencia de lo que lee. Coincidiendo con las palabras del autor: "todas las historias tienen su música" y "...cuando la tocan bien, es como oír tocar el silencio". De eso se trata Seda, una historia, ni novela, ni cuento. Mucho más que eso. Algo más que una historia de amor.

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viernes, 21 de marzo de 2008

Fragmentos de un discurso policial noir

La tarjeta negra con letras blancas, simulando el trazo desparejo de una máquina de escribir, contenía una máxima implacable: "Traiganme a un hombre al que no le gusten las novelas policiales y les demostraré que es un idiota. Un idiota inteligente, quizas; pero un idiota de todos modos..." El recuerdo insiste en que esas líneas le corresponden, ni más ni menos, que a Dashiell Hammett, uno de los padres del policial negro, que forjó su estilo en base a la denuncia social, apuntando a la corrupción del poder. Si se suponen válidas esas palabras, vale deducir que la escritura de una novela policial -que se jacte de tal- es por fuera de la idiotez. Si algo de eso apuntala un estilo refinado aún en el propio barro, esas palabras anticiparon un fenómeno: dos brillantes textos, que son algo más que historias de amor, escritos por reconocidos urdidores de novelas policiales.

Bernhard Schlink teje, en El lector, una relación sexual/amorosa entre un joven y una mujer adulta. Mujer que devendrá en nazi, joven que devendrá en hombre testigo de su juicio sumario. Henning Mankell trama una bellísima historia de amor con unos personajes inolvidables: Zapatos italianos. Se puede adjudicar la precisión del discurso de ambas novelas a sus raíces en el género policial; a una pluma acostumbrada a los modos de la tensión del relato, a los desvíos y los señuelos, a la sorpresa. Dos novelas que tienen una riqueza adicional, un bonus track: cada cual a su modo, rescata la figura del detective del policial negro. Pertenencia que exime de hacer una enumeración de virtudes y defectos del personaje en cuestión; personaje clásico que escapa permanentemente del lugar común, de los puntos de contacto con otros colegas literarios y que, sin mebargo, responden a un modus vivendi imposible de soslayar. Ambas están narradas en primera persona, línea directa al gran Phillip Marlowe de El largo adiós. Los personajes masculinos de las novelas de Schlink y Mankell sufren, descubren, persiguen, deducen, admiran, vigilan, desesperan, son golpeados, improvisan... Abren el realto al lector y muestran los hilos con los que arman la tela de la narración. Trabajan en el punto fino, en los bordes sin asperezas pero de una dureza extrema y una inusual ternura. Ambos tienen una mujer que en algún punto les es imposible. Ambos saben de ese amor, saben de esa imposibilidad y la aceptan, ponen el cuerpo. Esas mujeres son sus heroínas oscuras, sus enigmas a resolver. Enigmas que no pueden faltarle a quien, minuciosa, torpe y arriesgadamente hará lo posible por resolverlos. La literatura, agradecida.

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